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José Molina Ramírez- Coordinador Insular de IUC Gran Canaria

Eso, vencer al capital, vencer a los sectores y clases sociales que detentan y representan el poder, es la aspiración de la izquierda, desde el Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels. Vieja aspiración, hasta ahora irrealizada y para algunos irrealizable.

La necesidad de dar una respuesta más justa, equitativa y equilibrada con el entorno y con las necesidades y aspiraciones de todos los seres humanos es la propuesta que, desde la izquierda, se lanza a la gente, al pueblo, a todos y cada uno de nosotros y nosotras, pero sobre todo a aquellos que sufren con más crudeza la injusticia y desequilibrios de sistema capitalista.

Pero siendo la intención y el contenido de la propuesta, de la izquierda, encomiable, justa, imprescindible y digna de ser tenida en cuenta, sobre todo por los sectores y clases sociales más precarizados, excluidos y marginados, así como por aquellos que, ideológica y empáticamente, se sitúan en posiciones políticas progresistas, no consigue calar en la conciencia colectiva, convertirse en el relato de la mayoría, y consecuentemente con ello en la posición política hegemónica que determine, en el ejercicio del voto, un cambio radical en quiénes y para qué usan y se usa el poder legislativo y ejecutivo, Parlamento y Gobierno. Estos poderes siguen, desgraciadamente, en manos de quienes, precisamente, representan la antítesis de la propuesta progresista.

Es esto, el secuestro del poder por la oligarquía y sus representantes, acaso, una realidad irreversible, un designio divino al que no cabe oponerse so pena de fracaso rotundo; en estos términos, de sistema político único de sistema económico único posible, es en y con los que se elabora el discurso del propio sistema capitalista.

En el relato elaborado por el sistema, capitalista, estamos abocados, irremediablemente a, aceptar, subsistir en un sistema único y posible que hace viable y también posible el consumo, en diferentes y diversos grados, categorías y calidades, aunque, algún precio hay que pagar, mantenga bolsas de marginación y pobreza, precarice la vida laboral del individuo, discrimine por razón de sexo y en definitiva degrade al ser humano a la categoría de, mercancía, de objeto de usar y desechar.

Cabe respuesta a este relato que, sí que cala en la conciencia colectiva, es asumido por una parte importante de la sociedad, de la población, que subsiste esperanzada en que el propio sistema, que los agobia, degrada, usa y tira, sea el que les permita vivir un poco mejor e incluso no les condene a vivir un poco peor.

La respuesta, al relato de esa realidad inmutable, de esa realidad en la que el poder se muestra magnánimo o no con el pueblo, mejora o empeora las condiciones de vida de la gente, según las condiciones y condicionantes del mercado sean unos u otros, es la respuesta que la izquierda tiene que reelaborar permanentemente, utilizando todos los medios a su alcance, para que cale en la conciencia colectiva y se convierta en la posición ideológica hegemónica y dominante.

La generación de conciencia socialista, de conciencia crítica, conciencia de la capacidad de transformar la realidad acercándola a las aspiraciones deseos y necesidades de la mayoría es el trabajo que la izquierda tiene que realizar sin demoras ni atajos. Tal como lo realiza la oligarquía nacional y transnacional valiéndose de los instrumentos propagandísticos que tiene a su alcance y servicio.

Desde la izquierda es necesario abandonar falsas actitudes y posiciones ambiguas y neutrales. La derecha, la oligarquía, el poder no es ambiguo ni neutral, interviene permanentemente, mediante multitud de medios a su disposición y bajo su control, en la creación de conciencia colectiva y en la ideologización de la población con el único objetivo de que su relato sea, continúe siendo, el relato hegemónico, apuntalando así su poder como clase social dominante.

La educación reglada, que llega a todos y todas, es un instrumento de trascendental importancia en la creación de herramientas cognitivas que permiten un análisis crítico o no de la realidad y nos da la posibilidad de ser capaces o no de no asumir, como único, el discurso del sistema y de ahí la urgencia del sistema por controlarla desde la privatización-ideologización, la degradación de la enseñanza pública por falta de medios y recursos, la falacia sobre la necesaria neutralidad ideológica de los profesionales de la misma o la dejación en manos de instituciones ideológicas e “ideologizantes” como la Iglesia Católica.

La izquierda, sirva esto de ejemplo, en el ámbito educativo, ha sucumbido a la falacia de la desideologización, hemos permitido que, en aras a una supuesta y falsa neutralidad de la labor docente, el alumnado sea presa fácil del relato dominante y de los estereotipos creados por la sociedad de consumo y como consecuencia tenemos a una población juvenil que, posiblemente, constituya la generación más apática políticamente desde el fin del franquismo, lo que concede aún más mérito a las movilizaciones que, desde sectores juveniles conscientes de la realidad, se están llevando a cabo como protesta por la Reforma educativa del PP.

Es pues necesario, imprescindible, un cambio de estrategia, la protesta puntual, a las desigualdades, violencia y abusos del poder, tiene que combinarse con una labor metódica, estructurada y permanente, de denuncia razonada con alternativas concretas, del relato de la oligarquía.

Desde la izquierda debemos ofrecer, al conjunto de la población, no solamente slogans contra el paro, la precariedad, la violencia machista, la dependencia alimentaria, etc… sino que, tenemos que oponer al relato del poder un discurso más potente y creíble que responda a las necesidades y aspiraciones de la mayoría de la población, un discurso que diseñe un modelo de sociedad más justa, equitativa y ecológicamente sostenible. Un discurso que asumirá la población -huérfana de discurso, de relato alternativo- en la medida en que refleje las oportunidades y posibilidades que existen en el territorio, a la vez que desvele la inconsistencia y falsedad del discurso de la oligarquía.

Un discurso, sirva como otro ejemplo, que derribe la falacia, también, de que es la clase empresarial quien único puede crear empleo y que los poderes públicos, municipales/insulares/autonómicos o estatales, no deben ni pueden intervenir en la economía y menos aún en la generación de empleo. La persistencia de nichos de empleo, incluso dentro de la economía capitalista, que no son abordados por la iniciativa privada, por su escasa rentabilidad, o porque se mantienen desasistidos, por el escaso desarrollo de los servicios sociales públicos, es muestra de que las posibilidades de empleo no están saturadas y que deberían ser una oportunidad a aprovechar por las instituciones públicas. Las posibilidades de empleo que, en Canarias, una región dependiente al 90% del exterior, puede generar el sector primario, poniendo en explotación tierras fértiles abandonadas, cooperativismo, es real a falta de la implicación de la administración pública en el desarrollo del sector. Las posibilidades de creación de empleo, que ofrece el aprovechamiento de recursos naturales generadores de energía, sol/viento/mar, son una realidad que contribuiría a paliar la dependencia energética de Canarias y a paliar los efectos del cambio climático que afectará de forma radical a un territorio insular como el nuestro. La posibilidad de intervención pública en el sector turístico, en la actualidad el 83% de la riqueza que genera se queda fuera de las islas, es otra realidad que se desprecia desde el gobierno para no competir con el empresariado del sector. Las posibilidades de generar empleo, rentable y de calidad, en municipios, islas y Comunidad es una realidad incuestionable que no se aborda desde los poderes públicos para, precisamente, no cuestionar la falacia de que son los empresarios quienes único pueden crear empleo y justificar así privatizaciones, sesión en la gestión, conciertos educativos o sanitarios. Y, rizando el rizo, para que puedan realizar, en las mejores condiciones posibles, su encomiable labor, hay que premiarlos con reformas laborales que precarizan y despojan al trabajador/a de sus derechos o hay que subvencionarlos-exonerarlos de cargas fiscales, como las subvenciones-excepciones recogidas en el Régimen Económico y Fiscal de Canarias de las que, dicho sea de paso, no hay nadie capaz de cuantificar el número de puestos de trabajo que se puedan haber creado gracias a las mismas, pero que si han servido para enriquecer aún más  a la oligarquía canaria.

Las posibilidades que para la izquierda ofrece la elaboración de un discurso, pegado al terreno, municipios/islas, que desvele ante los ciudadanos/as las posibilidades que ofrece su municipio/isla en cuanto a la creación de empleo y en qué medida eso contribuiría a mejorar sus condiciones de vida, es parte de la estrategia que empezaría a posibilitar un cambio de percepción de la realidad y un cambio de conciencia colectiva. Máxime en una Comunidad donde los porcentajes de paro alcanzan cifras superiores a las de la mayoría de las Comunidades del Estado, no se genera empleo de calidad, incluso en épocas de bonanza turística como la que atravesamos, y donde las reducciones del número de parados/as, que desde hace años no bajan de los 200.000, se deben, en el tiempo, a la disminución de la población activa.

Un discurso, el de la izquierda, que pase de la mera protesta, sin abandonarla, a la apuesta por la toma de conciencia, por parte de la ciudadanía, de las posibilidades de cambio y transformación que nos ofrece otro reparto de la riqueza, otro modelo productivo basado en la solidaridad, en la propiedad colectiva de los medios de producción, en el respeto al entorno.

Un discurso que combine inteligentemente la protesta puntual, en la calle, con la movilización permanente de las conciencias individuales. Un discurso que se oponga, desplace y reemplace, en cada conciencia individual y en la colectiva, el relato de la oligarquía por el discurso de un futuro viable y posible fundamentado en principios como la solidaridad, la paz, el reparto equitativo de la riqueza o la protección del medio ambiente. Un discurso y una práctica de izquierdas que genere conciencia socialista.